Forever
De chiquito yo veía alguna que otra novela, y ni siquiera porque mi mamá las viera, si no por convicción personal. Una era "De frente al sol" con María Sorté y Angélica Aragón. Creo que la historia era de dos hermanas, una rica y una indígena, o algo así. Angélica era la indígena, se llamaba Chole y siempre le daba consejos a María Sorté, la citadina refinada. Ya saben, super Larrosa el asunto. Uno de sus consejos que se me quedó grabadísimo y que está lleno de sabiduría (¡ja!) rezaba así: "Nunca y siempre son dos palabras que no deberían existir..."
Tal vez Chole (Angy Aragón) tenía razón, son pocas cosas las que duran para siempre, y cuando decimos nunca pareciera como un hechizo que nos lleva a hacer eso a lo que siempre le dimos un rotundo no.
Así es la vida, la infinita Ley de Murphy, yo por eso me dedico a hacer todo lo contrario en lo que estoy pensando. Total, qué tal si sale al revés.
Hoy en una calle vi un letrero con un dibujito de Hugo, Paco y Luis, y no se por qué pero me dio mucha emoción.
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miércoles, julio 04, 2007
martes, julio 03, 2007
Presa del consumismo
Y sí, ai didid aguen. Aunque realemente iba con la mentalidad de no encontrar absolutamente nada, no fué así. Llegué a Pull & Bear y todo iba llegando solito a mis manos. Es verdad que las ofertas llegan a uno. Encontré un par de tenis baratísimos, camisas de vestir, playeras, un suetercito poca madre, y lo más caro, una sudadera exquisita. Salí de la tienda feliz, jurando no comprar más cosas. Pero Zara hizo lo suyo. Me atrapó y caí. Again. Ya ahí la compra fue menos, todo claro en el área de niños. Una camisita, una t-shirt ochentera-noventosa y un morralito casi regalado. Al final un poquito de culpa, pero mucho, mucho y delicioso olor a nuevo. Tendré que buscar ocasiones para estrenar lo adquirido.
Y sí, ai didid aguen. Aunque realemente iba con la mentalidad de no encontrar absolutamente nada, no fué así. Llegué a Pull & Bear y todo iba llegando solito a mis manos. Es verdad que las ofertas llegan a uno. Encontré un par de tenis baratísimos, camisas de vestir, playeras, un suetercito poca madre, y lo más caro, una sudadera exquisita. Salí de la tienda feliz, jurando no comprar más cosas. Pero Zara hizo lo suyo. Me atrapó y caí. Again. Ya ahí la compra fue menos, todo claro en el área de niños. Una camisita, una t-shirt ochentera-noventosa y un morralito casi regalado. Al final un poquito de culpa, pero mucho, mucho y delicioso olor a nuevo. Tendré que buscar ocasiones para estrenar lo adquirido.
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