jueves, mayo 17, 2007

¡Quiero una chipileta!
Ah pero qué sabrosas paletitas. Por aquellos días cuando iba a la catoliquísima Escuela Primaria Fundación Mier y Pesado, siempre, bueno, no siempre, alguna que otra vez, después de la salida acostumbraba a comprarme una que otra golosina, (golosina se me hace así como palabra picaresca, juajua, debería también de usarse con connotación sexy. Ej: Novio se dirige a novia: Hay amor! Eres una golosina! Nunca pensé que fueras a traerme a algún lugar así!) y entre ellas no podían faltar las chipiletas, las esponjitas, unos sobrecitos de canels que traían como unos granitos acidulados que sabían bieeeen chidísimo, unos vasitos en forma de helado con tamarindo como los pelones, los tico tico, que en realidad se llaman Portico, los seltz soda y los sobrecitos de burbusoda eran lo más.








:: Debido a que la interné no me dio ni una sóla búsqueda satisfactoria para alguna pic de la famosa chipileta, los dejo con su simil: la ardillita feliz (saludando optimistamente a Mad azul y a Michel Jackson con bigote versión metro viveros ::

Ya en mi edad viril (dígase mi edad actual) rara vez me remito a comprar dulces, y no es que no me gusten, si no que los dulces de ahora ya son así todos sin chiste, eso sí, amo los pikingos, y unas bolitas de tamarindo confitadas de pelón pelo rico, a veces un pulparindo o una cachetada y si voy por la calle y veo un puesto que venda cazuelitas de plástico naranja con tamarindo seguro me paro a comprar una.

Y qué podemos decir de los famosísimos gringodulces, o “dulces caros”, esos ya se cocinaban a parte. Sólo podías comprarlos si:



a) eras de clase acomodada, media-alta por lo general, y tus papaces te daban suficiente dinero “para gastar” para comprarlos


b) cuando invariablemente ibas acompañado de ellos


c) si juntabas tu lana con tu hermanito (cosa que yo hacía)


d) si te portabas bien y te los daban como gran obsequio.


:: Deliciosos mambas en paquetitos individuales ( still available)::


Mi hermano Fernando era bien chido y nos regalaba de vez en cuando algún Tree Musqueters o ya si nos íbamos rayados un sobrecito de Fizz Wiz o un paquetito individual de Mamba para Pablo y para mí porque si mal no recuerdan, los mamba venían divididos por paquetitos individuales de cada sabor, y ya en cada paquetito venían como 4 o 5 chiclositos que nada más de acordarme de su sabor quiero comprar unos right now. Y cómo olvidarnos de los nerds! O las espinacas de popeye!, o las paletas de Garfield o de dedo que venían con su envoltura de plástico, y muchos, muchísimos productos más de procedencia no mexica.

Quisiera decir que me gustan más las palanquetas, las alegrías, las cocadas, los limones cristalizados, las pepitorias, las obleas, que si bien son ricas y la neta mil veces más naturalitas y “sanas” que un puñadito de nerds, no son tan “sofisticados” como la lista mencionada hace unos cuantos renglones. Digo! Cada grupo dulceril tiene lo suyo, pero para eso de la remembranza no se por qué lo primero que se me viene a la mente en cuestiones sacarosas es cuando mis hermanos y yo abríamos un sobrecito rojo de fizz wiz y nos limitábamos al disfrute incomparable de que las piedritas saltarinas se nos tronaran en la lengua.

:: El fizz wiz de antaño que a todos nos hacía felices ::

:: Bubble tape. Un clásico contemporáneo ::

1 comentario:

EAX dijo...

Recuerdas cuando en alguna ocasion hicimos una casa para Estela Pocket de un envase vacio de BubbleGum Tape?

Que recuerdos aquellos!